jueves, 20 de agosto de 2015

La meta no es acabar con las rabietas, sino ayudar a los hijos.

Fuente: Hacer familia

El neuropsiquiatra Daniel J. Siegel y la experta en educación infantil Tina Payne Bryson han enseñado ya a miles de padres de todo el mundo a estimular la inteligencia emocional de sus hijos con el libro El cerebro del niño, editado en España por Alba. Se trata de un método sencillo, pero de fabulosos resultados que cosecha éxitos allá donde va porque sus revolucionarias estrategias no solo ayudan a los pequeños a crecer y desarrollarse, sino que también mejoran la conexión con sus padres.

- En el libro defienden las bondades del “cerebro pleno”. ¿Qué es exactamente?
- Es un cerebro en el que las diferentes áreas, la izquierda y la derecha, la superior y la inferior, están coordinadas y equilibradas, perfectamente integradas.
- ¿Cuáles son sus ventajas?
- Es un cerebro integrado que permite a la mente crecer, ser flexible y resistente, y que además consigue que las relaciones personales se apoyen en la empatía, la compasión y la amabilidad.

- ¿Cómo ayuda a mejorar la vida interior del niño?
- Primero hay que saber ponerse en el lugar del otro. Así, el pequeño se podrá sentir seguro, tranquilizarse cuando esté angustiado y consolidar su identidad personal al reforzarse su sentido de pertenencia y empoderar su figura.

- ¿Y cómo actúa para mejorar la relación con los padres?
- La investigación revela que los niños criados desde el respeto se desarrollan de forma más óptima: abarcan todo su potencial intelectual y tienen mayor sensación de plenitud, con relaciones basadas en la empatía, más gratificantes y con emociones más equilibradas.
Dr. Daniel J. Siegel
Con El cerebro del niño parece fácil reconvertir las rabietas infantiles en un momento de progreso familiar. ¿Es tan sencillo?
- Sí, pero no es fácil lograrlo. A veces las emociones de los padres no les dejan actuar con eficacia. Saber cómo convertir esos momentos difíciles en oportunidades de integración es la llave para optimizar las conductas paternas y conseguir buenos resultados con ellas.

- ¿Es necesario mucho tiempo para aplicar las estrategias?
- En absoluto, aunque parezca sorprendente por los resultados que consigue: una paternidad más eficiente, según demuestran las pruebas realizadas hasta ahora.

- Integrar ambos hemisferios cerebrales es clave. ¿Qué diferencias hay entre ellos?
- El izquierdo está especializado en el pensamiento lógico, lineal, lingüístico y literal. El derecho procesa la información de otra forma: siente lo que le transmite el cuerpo y es experto en la comunicación no verbal. Son muy diferentes entre sí.

- ¿Por qué tendemos a utilizar más el hemisferio izquierdo, la faceta lógica?
- Por nuestra educación y nuestra cultura, que prefieren el lado izquierdo debido a que sus enfoques son más fáciles de observar y medir. Los niños crecen reforzando con la práctica el hemisferio izquierdo, mientras que el derecho no se desarrolla con la misma intensidad y provoca que su acercamiento al mundo se haga desde su faceta más izquierda-lógica. Por eso, necesitan que sus padres usen el lado derecho para atender también a sus sentimientos. La teoría del apego seguro nos dice que para que un niño se realice en todas sus facetas, hay que dar respuesta a sus emociones. Y eso no se hace desde el hemisferio izquierdo.

- ¿Y por qué intentamos mantener desconectado el cerebro inferior, el instinto, cuando ha sido clave para la supervivencia y aún lo es entre los pequeños?
- En realidad no queremos apagarlo, sino integrarlo con el cerebro superior. Si ambas partes trabajan como un equipo, se habrá dado un paso importante para alcanzar la salud mental, mantener relaciones sociales saludables y ganar en flexibilidad y resistencia mental.

- Las estrategias del “cerebro pleno” son distintas según la edad. ¿Qué diferencia a un pequeño de 3 años de uno de 10?
- Nuestro método sirve incluso para la edad adulta; lo que cambia es la manera de aplicarlo porque un niño de 3 años sigue siendo una criatura del hemisferio derecho: su capacidad lógica y lingüística o su pensamiento lineal está menos desarrollado que en un pequeño de 10 años, cuyo neuronas ya han creado más interconexiones en base a su mayor experiencia.